Historia verdadera de las tristes almas que habitan los Montes Carpetanos

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Javier del Cerro

Permita la historia dueña de tanto argumento, que de tal suerte sea mi pluma humilde quien dé a conocer las haciendas dignas de memoria que aquí acontecieron, pues muchos quisieran aposentarlas de olvido, por ser empresa de difícil explicación y gravoso entendimiento. Del negocio de los aldeanos del valle de Lozoya y su corta razón, a la fábrica del Monasterio de El Escorial y sus ocultaciones, diciendo sobre los caminos que recorren las ánimas sin asiento y los senderos que acercan la gloria de Flandes.

Encomienda de dilatada reputación, que mis desvelos encuentren discurso entre tanta irrelevancia. Aun desconociendo en qué orden habré de componerlo, si resultará armonioso y de gran ingenio, de grave razonamiento, corta esencia o mudado artificio. Entonces, empezaré por las cosas que me fueron relatadas, y con la verdad por lema como me adiestraron, que no ha de haber mejor propósito. Empero, otros vendrán con parva propuesta, los mismos que de ordinario hacen uso de la realidad en contadas ocasiones, y solo para ser creídos cuando de constante cobran del engaño, costumbre que cría y persevera en estos tiempos de Nuestro Señor el Rey don Felipe, el segundo de su nombre.

Javier del Cerro

Permita la historia dueña de tanto argumento, que de tal suerte sea mi pluma humilde quien dé a conocer las haciendas dignas de memoria que aquí acontecieron, pues muchos quisieran aposentarlas de olvido, por ser empresa de difícil explicación y gravoso entendimiento. Del negocio de los aldeanos del valle de Lozoya y su corta razón, a la fábrica del Monasterio de El Escorial y sus ocultaciones, diciendo sobre los caminos que recorren las ánimas sin asiento y los senderos que acercan la gloria de Flandes.

Encomienda de dilatada reputación, que mis desvelos encuentren discurso entre tanta irrelevancia. Aun desconociendo en qué orden habré de componerlo, si resultará armonioso y de gran ingenio, de grave razonamiento, corta esencia o mudado artificio. Entonces, empezaré por las cosas que me fueron relatadas, y con la verdad por lema como me adiestraron, que no ha de haber mejor propósito. Empero, otros vendrán con parva propuesta, los mismos que de ordinario hacen uso de la realidad en contadas ocasiones, y solo para ser creídos cuando de constante cobran del engaño, costumbre que cría y persevera en estos tiempos de Nuestro Señor el Rey don Felipe, el segundo de su nombre.