HALAGOS PARA UNA DAMA

22,00 €

LUIS VEGA LUNA

Una mirada cercana y observadora a la vida emocional de una mujer que intenta recomponer su mundo tras una ruptura inesperada. La historia arranca con claridad: Sabrina, abandonada por su marido, se enfrenta no solo al vacío que deja esa pérdida, sino también a la incómoda exposición pública que supone vivir en un entorno donde todo se comenta.

Sabrina no da saltos bruscos ni se transforma por arte de magia; avanza a trompicones, unas veces dejándose llevar por la ternura, otras cayendo en la tentación y, muchas más, dudando de sí misma, lo que provoca un efecto notable en su personalidad. Esa evolución le otorga credibilidad y permite que el lector la acompañe con empatía. Además, los hombres que aparecen en su camino —cada uno con su propio ambiente, sus intenciones y sus límites— sirven para iluminar distintas facetas de su carácter y de su vulnerabilidad, añadiendo matices al conjunto.

La ambientación en una comunidad pequeña, donde la vida ajena es siempre motivo de conversación, crea un trasfondo que condiciona los actos de los personajes, que modifican su comportamiento ante la nueva situación de Sabrina. Sin subrayarlo en exceso, el texto deja ver la presión que ejerce la opinión pública y cómo influye en las decisiones más íntimas. Se trata de un paisaje reconocible para cualquiera que haya vivido en un entorno similar.

El cierre es amargo, lúcido y coherente con todo el recorrido emocional previo. El desenlace muestra el colapso definitivo de la relación entre Ricardo y Sabrina desde un punto de vista profundamente humano, sin artificios ni dramatismos exagerados. A través de la escena final, la novela alcanza su clímax emocional y pone de relieve lo que llevaba gestándose durante todo el relato: la asimetría afectiva, la inestabilidad emocional de Sabrina y la fatiga psicológica de Ricardo frente a una relación marcada por silencios, contradicciones y vaivenes.

LUIS VEGA LUNA

Una mirada cercana y observadora a la vida emocional de una mujer que intenta recomponer su mundo tras una ruptura inesperada. La historia arranca con claridad: Sabrina, abandonada por su marido, se enfrenta no solo al vacío que deja esa pérdida, sino también a la incómoda exposición pública que supone vivir en un entorno donde todo se comenta.

Sabrina no da saltos bruscos ni se transforma por arte de magia; avanza a trompicones, unas veces dejándose llevar por la ternura, otras cayendo en la tentación y, muchas más, dudando de sí misma, lo que provoca un efecto notable en su personalidad. Esa evolución le otorga credibilidad y permite que el lector la acompañe con empatía. Además, los hombres que aparecen en su camino —cada uno con su propio ambiente, sus intenciones y sus límites— sirven para iluminar distintas facetas de su carácter y de su vulnerabilidad, añadiendo matices al conjunto.

La ambientación en una comunidad pequeña, donde la vida ajena es siempre motivo de conversación, crea un trasfondo que condiciona los actos de los personajes, que modifican su comportamiento ante la nueva situación de Sabrina. Sin subrayarlo en exceso, el texto deja ver la presión que ejerce la opinión pública y cómo influye en las decisiones más íntimas. Se trata de un paisaje reconocible para cualquiera que haya vivido en un entorno similar.

El cierre es amargo, lúcido y coherente con todo el recorrido emocional previo. El desenlace muestra el colapso definitivo de la relación entre Ricardo y Sabrina desde un punto de vista profundamente humano, sin artificios ni dramatismos exagerados. A través de la escena final, la novela alcanza su clímax emocional y pone de relieve lo que llevaba gestándose durante todo el relato: la asimetría afectiva, la inestabilidad emocional de Sabrina y la fatiga psicológica de Ricardo frente a una relación marcada por silencios, contradicciones y vaivenes.