Juan F. Cordero
En este inicio de la era tecnológica, donde los avances exponenciales en tecnologías digitales han originado veloces transformaciones sociales y numerosas implicaciones en las ciencias sociales, muchos de los artículos que componen este libro intentan poner al día algunos de los grandes problemas de la filosofía, como la libertad, el arte, la evolución humana, la democracia o los sistemas de organización política; así como otros artículos repasan y actualizan facetas de algunos autores históricos como Platón, Descartes, Leibniz o Spinoza.
En este sentido, el autor alcanza su mayor densidad crítica allí donde diagnostica las patologías de la subjetividad contemporánea. La reivindicación del idiotismo filosófico se erige como una ética de la supervivencia en la era de la comunicación total. Del mismo modo, el análisis de los denominados nuevos pobres, lejos de ser una repetición acrítica, se enriquece con la distinción original entre pobres internos y externos, con referencias a la economía digital y el cashless society.
El movimiento más audaz del volumen es su provocadora tesis sobre la no-evolución de la democracia: mientras todo lo demás se digitaliza —desde la banca hasta las relaciones amorosas—, el núcleo duro de la representación política permanece anclado en formas decimonónicas. Esta observación, junto con la discusión sobre el aceleracionismo y la singularidad tecnológica, convierte este tratado en una intervención oportuna en los debates sobre el futuro de nuestras instituciones, reivindicando el papel del filósofo no como profeta, sino como aquel que formula las preguntas éticas que los algoritmos no pueden hacerse.
Juan F. Cordero
En este inicio de la era tecnológica, donde los avances exponenciales en tecnologías digitales han originado veloces transformaciones sociales y numerosas implicaciones en las ciencias sociales, muchos de los artículos que componen este libro intentan poner al día algunos de los grandes problemas de la filosofía, como la libertad, el arte, la evolución humana, la democracia o los sistemas de organización política; así como otros artículos repasan y actualizan facetas de algunos autores históricos como Platón, Descartes, Leibniz o Spinoza.
En este sentido, el autor alcanza su mayor densidad crítica allí donde diagnostica las patologías de la subjetividad contemporánea. La reivindicación del idiotismo filosófico se erige como una ética de la supervivencia en la era de la comunicación total. Del mismo modo, el análisis de los denominados nuevos pobres, lejos de ser una repetición acrítica, se enriquece con la distinción original entre pobres internos y externos, con referencias a la economía digital y el cashless society.
El movimiento más audaz del volumen es su provocadora tesis sobre la no-evolución de la democracia: mientras todo lo demás se digitaliza —desde la banca hasta las relaciones amorosas—, el núcleo duro de la representación política permanece anclado en formas decimonónicas. Esta observación, junto con la discusión sobre el aceleracionismo y la singularidad tecnológica, convierte este tratado en una intervención oportuna en los debates sobre el futuro de nuestras instituciones, reivindicando el papel del filósofo no como profeta, sino como aquel que formula las preguntas éticas que los algoritmos no pueden hacerse.